El susurro del barrio: Dame la lluvia y quítame el frío santito

Por Eduardo Bravo
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Era muy de mañana, a lo lejos escuché a Don Mauro gritando a medio pulmón -La leche, la lecheee, la lechiii-, los perros de la calle se levantaron de sus hechaderos para ladrarle, mientras pasaba cargando la lechera sobre su espalda atravesando la neblina que no dejaba ver, pero si escuchar.


Con lo helado que estaba, no se me antojó levantarme para correr a los perros que molestaban a Don Mauro el “lechero”. -Esos condenados perros escandalosos, son buenos para ladrar, pero cuando en verdad se les ocupa desaparecen-, dijo mi madre que estaba junto al comal preparando café.


Yo estaba temblando, mi papá me tapó con un poncho que trajo del cuarto. Yo me encontraba hecho bolita con los pies sobre la silla. -¿Vas a querer café o canela hijo?- Me preguntó mi mamá, café con tantita leche y azúcar respondí con los labios tiritando, mientras el vaho se me escapaba sin querer.


El calor del comal nos calmaba un poco la baja temperatura de esa mañana. Durante la noche el cielo lloró a cántaros sobre el pueblo, -no debemos renegar de las lluvias, son una bendición de Dios-, nos ha dicho el cura durante la misa del domingo pasado, a la cual mi abuelita me llevó para escuchar el salmo.


Yo no reniego de los chubascos pensé, reniego del frío que hace después de una noche lluviosa. Uno se levanta entumido, ni siquiera los gallos cantaron al amanecer de lo entumido que están. -La lluvia es buena por que reverdece todo, hasta a las personas-, me comentó mi papá mientras sorbía de su taza de café.


Otra vez aclarándome que la lluviecita era buena. Les quise decir que, de lo que me quejaba era del frescor que sale de la tierra después de la tormenta, pero mi boca no pudo abrirse por que estaba temblando, preferí tomarle a mi café y sentir el vaporcito sobre mi cara mientras le soplaba a la taza.


¿Cómo voy a renegar de la lluvia? Si a mí me encanta jugar con mis amigos cuando llueve con ganas, nos gusta correr de un lado al otro del corral para ver quién le gana a la lluvia, también brincar sobre los charcos. Y si la lluvia viene con granizo, juntamos el más que podemos en trastes o vasos que nos robamos de la cocina de mi abuela.


Si el chaparrón trae truenos no es bueno salir me ha dicho mi mamá, mucho menos tocar algo de metal o bañarnos en la pila, porque podríamos electrocutarnos. Los adultos nos cuentan que así murió Sebastián el hijo del carnicero que por no esperar a qué pasara la tormenta, se vino del campo y le calló un rayo.


Si llueve mucho es gracias a que la gente del pueblo se ha portado bien, a rezado y va a misa cada domingo, pero si nos portamos mal y tenemos malos pensamientos, San Isidro Labrador nos castigará quitándonos las lluvias del temporal. No escuchará ni las súplicas de los labradores del campo.


En las fiestas en conmemoración a San Isidro Labrador de este año, el pueblo tiró la casa por la ventana, los hombres y las mujeres le pidieron con mucho fervor a San Isidro que interceda por ellos ante Dios. Tantos fueron los rezos y los cuetes que aventaron al cielo que el santito nos ha bendecido con agua a borbotones.


-Ya está aclarando un poco, para que me acompañes al corral con los animales-, sentenció mi papá. Con todo el dolor de mi corazón, me tuve que parar de mi lugar para ir por un abrigo y un gorro para hacer más tolerable el frío de la mañana, y así poder darle de comer a los animales del patio.


No siento mis manos de lo engarruñadas que están, ni el maíz puedo tomar para darle a las gallinas. Le pregunté a mi papá cómo se me quitaba la heladez de las manos, -sóplate las manos, frótatelas o mejor aún, rézale a San Isidro Labrador que te quite ese frío-, respondió de pronto.


“Devoto san Isidro, santo patrón mío, tú que fuiste caritativo y bondadoso…” no nos quites la lluvia, que nos sirve para que crezca la milpa que nos da de comer, que llena nuestros ríos y pozos de agua, solo te pido santo, santito mío… que me quites el frío de los huesos, de mis manos y de mi espalda, santo, santito mío!!!.


Licenciado en Ciencias Políticas, columnista, colaborador en diferentes medios de comunicación y escritor de la columna: El susurro del barrio, que tiene como objetivo la creación de narrativas a partir de los dichos, recuerdos, cuentos y leyendas de la memoria colectiva de México.

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